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jueves, 9 de febrero de 2017

Nuestras emociones (Por Emily Thorne)

El post del compañero Wise Blood, perfectamente hilado, da mucho que pensar. Tras leerlo no puedes dejar de cuestionarte el cómo y el por qué el culto fundamentalista se introdujo en nuestras vidas, para no querer desaparecer nunca. 
La alusión a la cultura como elemento condicionante nos hace reflexionar en quiénes somos y en quiénes nos hemos convertido. Y si bien es cierto que cada cultura tiene sus matices, costumbres o valores relevantes, no menos cierto es que todos somos humanos. Por ende, tenemos emociones, sentimos. Y, según muestran las evidencias, son de carácter universal. Sí, todos sufrimos por las incertidumbres de la vida, anhelamos mejoras, nos embargamos de ilusión y felicidad ante las expectativas positivas, buscamos pertenecer a un conjunto social, queremos ser, en cierta medida, aceptados. Precisamos de guía, y hasta cierto punto la buscamos. "¿Qué hago?, ¿cómo lo hago?".
Esta es nuestra estructura, son nuestras necesidades.
En ocasiones, la vida puede ser cual montaña rusa, con subidas y bajadas, con idas y venidas. En otros momentos, como un túnel negro que no vislumbra la luz. A veces, somos fuertes, otras débiles.


Ahí, entiendo yo, está una de las causas. Sí, el éxito redundante de la confesión religiosa se basa en la explotación y control ejercidos sobre las emociones. Así como astutos vendedores saben reconocer las necesidades de sus potenciales clientes, la marca JW.ORG conoce el arte de la exploración. Sabe agrupar los estados psicológicos de las futuras "ovejas", para después, ofrecerles las "soluciones" más pertinentes. Si de algo sirvieron aquellos años de predicación, sí, nosotros también fuimos "vendedores", es para ser capaces de discernir quiénes nos escucharían y quiénes no. Para ser capaces, también, de adaptarnos a todo tipo de circunstancias, teniendo un "producto" adecuado para cada uno. ¿Problemas de depresión, muerte de un ser querido, soledad, problemas de índole económica, enfermedad? ¡Ella, la marca JW.ORG, tiene la respuesta! Solo has de buscar en la página correcta de su catálogo, allí hallarás lo que tú no eres capaz de encontrar por ti mismo.
Sí, los Testigos de Jehová* emplean la vulnerabilidad personal como atenuante para introducirse en las casas ajenas. Emplean los anhelos, sanos y justos, de mejora, como redes de seducción. Aprovechan la desesperación y el desasosiego, producidos por el sin saber, para manipular y coaccionar las bases más profundas de las que eran tus convicciones.
Y es que, ¿quién no desea vivir en un mundo agradable, con personas amables, realizando trabajos satisfacientes, con vitalidad, con deseos irrefrenables de vivir? Juegan con un ideal, te lo confeccionan a medida, para después vendértelo, y una vez adquirido, cobrarte los intereses no mencionados. Obviando unas pocas salvedades: todo parte de una premisa falsa, los costes de estos "productos" son imposibles de abonar, y tras su "disfrute" actual, acabarás peor de lo que estabas antes de su "compra".

Pero todas estas tácticas no son nuevas, de hecho, tienen siglos de existencia. Siempre ha habido grupos que han pretendido dominar a otros, unas veces con más atino que otras. Más, creo yo, el ser humano tiene un peligroso defecto, en lo que a este campo se refiere, pues, se cree único. El ser humano considera que su momento actual es el más glorioso, el más relevante para la historia de la humanidad; entendiendo entonces que le espera evidenciar acontecimientos que sus antepasados ni siquiera soñaron con acariciar ("los últimos días"). La grandeza nos espera, es nuestra.
Sería prudente hacer un acto de memoria histórica, volver a colocar los pies en la tierra, tomar las riendas de nuestras vidas, y, entonces, decidir cómo vivirlas de la manera más digna y libre posibles. De lo contrario, caeríamos en el peligro de que otros lo hicieran por nosotros.

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*Cuando utilizo el término "Testigos de Jehová", me refiero a la parte directiva de la organización.

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