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martes, 28 de febrero de 2017

Cómo proyectar la mente hacia el futuro

La siguiente experiencia dice así:

"Me bauticé como testigo de Jehová a los 16 años de edad. Lo hice porque estaba buscando un grupo que se apegara a las Escrituras y que, además, no creyera en la Trinidad. Yo venía de una familia de profesionales, pero mi fe me hizo desistir de ir a la Universidad. Aunque me fui hace mucho tiempo, hasta el día de hoy me arrepiento de haber sido testigo. La Organización absorbió mis mejores años".

Vemos que en su día esta persona tomó una decisión que más tarde lamentó, y seguramente se haya planteado más de una vez cómo hubiera sido su vida en el caso de haber elegido mejor. 



No hay duda de que se puede aprender mucho de los errores del pasado Sin embargo, cuando imaginamos cómo podría haber sido nuestra vida de otro modo, podemos llegar a causarnos aflicción innecesaria.

Por eso, hay que procurar derribar el “si hubiera":
Si hubiera hecho aquello…
Si hubiera abierto otra puerta…
Si hubiera estado con otra persona…

Los "si hubiera” son planteamientos que solo sirven para perfeccionar el arte de maltratarnos. Estos pensamientos solo alientan la envidia, el sentimiento de culpa y el resentimiento con uno mismo y/o con los demás.

Los "si hubiera" siempre son falsos. La trampa es pensar que el éxito es replicable en otra persona o en otro contexto, aunque ambos son unipersonales. La clave está en mirar atrás para aprender, pero no para castigarse.

¿Cómo derribar los "si hubiera"?
Curiosamente, cuando analizamos el presente y el pasado, a menudo nos hubiera ido mejor si hubiéramos hecho otra cosa, pero somos injustos pues pensamos que la vida se puede replicar. Tenemos fantasías de realidades que luego ni mucho menos tienen por qué haber sucedido. Además, es una trampa pensar que podemos replicar lo que le ocurre a otra persona.

La mente siempre piensa en términos de causa y efecto. Somos muy lineales pensando en que “si yo hago esto va a ocurrir aquello”, y no me doy cuenta de que al tiempo que yo hago algo, las demás personas también hacen, entonces mi linealidad no tiene por qué ser como la imagino. El problema del "si hubiera" es que, en vez de servirnos para aprender, nos puede causar un sufrimiento inútil.

Elizabeth Kübler-Ross fue una doctora que estuvo trabajando con enfermos terminales durante 30 años. Cuando ella preguntó a muchos enfermos qué hubieran cambiado en sus vidas, la mayoría señaló dos cosas: haberme llevado mejor con un familiar y haberme atrevido a hacer aquello que no hice por miedo.
Es curioso cómo el miedo, además de frenarnos, nos causa daño por el efecto posterior del "si hubiera". Hay que tener en cuenta que las decisiones que tomamos en la vida son las mejores en cada momento y en base a la información de la que disponemos en cada instante. Todos vamos cambiando con el tiempo, es decir, las decisiones que tomamos ahora son bien diferentes a las que tomamos hace veinte años, o a las que tomaremos dentro de otros veinte. Por lo tanto, hay que tener cuidado con toda frase que empiece por "si hubiera", porque puede servir para engañarnos a nosotros mismos. 

Aún así, a veces no podemos evitar mirar al pasado con nostalgia y pensar en las cosas que no han estado bien del todo. ¿Qué podemos hacer en ese sentido?
A una premio Nobel, Rita Levi-Montalcini, le hicieron un homenaje por su vida a los 90 años de edad. Ella dijo: "No me hagáis ningún homenaje por mi pasado, no, lo que me interesa es que hablemos de lo que voy a hacer en el futuro". Su mente estaba entrenada para seguir aprendiendo y proyectando hacia el futuro.
Y es que la mente es como un músculo, la tenemos que entrenar. Mirar al pasado nos permite aprender, pero lo más importante es proyectar la mente hacia el futuro. Hay tres claves que nos ayudan a ello:

1.- Identifica la frase "si hubiera". A menudo usamos el “si hubiera” en situaciones cotidianas: "Si hubiera entrado en este restaurante me hubiera gustado más la comida que la que he comido aquí".
Lo primero que debemos hacer es observar qué nos ocurre a nosotros. Debemos tomar conciencia de que, más allá de nuestras decisiones y de nuestras emociones, siempre hay un observador interno que podemos agudizar. Obsérvate cuando dices "si hubiera".

2.- Plantéate alternativas más amables. Cuando entramos en un restaurante que no nos ha gustado y vemos otro en el que parece que la gente está disfrutando, tendemos a pensar, "si hubiera entrado en este me lo hubiera pasado mejor". Procuremos pensar al revés: ¿Por qué no puedo pensar que si hubiera entrado en el otro me hubiera ido mucho peor y no me hubiera gustado? Quizás hubiera sido más caro o más ruidoso. Como en realidad son conjeturas, es mejor pensar en aquello que me ayuda. Una vez más, se trata de autoprotegerse, cuidarse del principal enemigo que está en nosotros.

3.- Acepta que cada día tomamos las decisiones como mejor podemos. Tomamos las decisiones con toda la información que tenemos. La vida vista “a posteriori” es siempre más fácil, pero no es real (Ejem: si hubiera ido a este sitio y hubiera comprado el décimo de lotería me hubiera tocado el premio). Es absurdo pensar que si hubiera tenido toda la información hubiera hecho esto o aquello, porque eso es una fantasía.

Por lo tanto, si lamentamos la decisión de haber sido “x” años testigos de Jehová y lo que conlleva, ya no pensemos en “si hubiera”. Mejor proyectemos la mente hacia el futuro. Pensemos en lo que tenemos ahora y en lo que nos queda por hacer. No suframos inútilmente. En vez de pensar en “si hubiera”, pensemos en que “sí, habrá”; sí, habrá tiempo y libertad de ahora en adelante. Aprovechemos bien, mejor que en el pasado…

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