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miércoles, 8 de febrero de 2017

Testigos de Jehová, canibalización cultural y fundamentalismo (Por Wise Blood)

Me gustaría tratar un tema que para mí es interesante. ¿Cómo puede ser que en una cultura como la nuestra, abierta a los demás y familiar, se hayan metido los Testigos de Jehová hasta la cocina? ¿Cómo es posible que un movimiento fundamentalista americano haya podido convencer a alguien en este país y haya incluso crecido?


Por favor, que nadie me entienda mal. No quiero que nadie piense que vengo aquí a defender otras religiones o a meterme con la Watchtower. No es mi propósito en esta entrada ni en ninguna. Solo me anima el deseo de opinar con objetividad.

Vivimos en un país de cultura mediterránea en la que las relaciones sociales son fundamentales: la gente vive en la calle, somos generalmente abiertos, cuidamos las amistades, echamos la partida o vemos el fútbol en el bar con los vecinos, vamos al cine con compañeros de trabajo, hay cultura de barrio y existen iniciativas sociales que fomentan estas relaciones. Nuestros críos juegan con los vecinos y tienen sus amiguitos...

Para nosotros la familia es lo más importante: los hijos están en casa muchos años aunque piensen a su manera, y nuestros padres y abuelos viven al lado o nos visitan a menudo.
Si eres testigo de Jehová estarás preguntándote: “¿Qué dice este hombre? Nosotros no somos así. No echamos la partida, ni frecuentamos los bares, ni nos juntamos con vecinos, ni participamos del barrio, ni nos abrimos a nadie que no sea de nuestra religión, ni mis parientes vienen a casa si no son testigos. Tampoco recibo a mis hijos no testigos o a mis abuelos católicos. Mis amistades son de mi religión y no admito a otras y, por supuesto, si mi hijo juega en el parque no se junta con nadie. Es más, si algún día deja de ser testigo de Jehová, para mí está muerto de toda mortandad”. Exacto. Así eres...si eres un verdadero testigo de Jehová. Es triste, ¿verdad?

¿Dónde está la razón de estas diferencias tan grandes? ¿Cómo es que uno puede trasladarse desde una cultura abierta y familiar a otra llena de opresión, exclusión, división y oscurantismo? ¿Es que acaso no sabe uno dónde se mete? La respuesta es que no. No lo sabe. No tiene ni idea.

No, porque cuando te acercas a esta religión nadie te pone al tanto de estas cosas. Estos hechos se ocultan. Es obvio que, de haber estado bien informados, pocos pondrían un pie en un salón del reino, o al menos lo harían con cierta aprensión. Incluso hemos leído recientemente entrevistas en prensa en las que representantes de esta sociedad esconden la verdad de la expulsión y sus consecuencias con amistades y familias. Dicen que cualquiera puede dejar libremente la religión, pero cuando se les pregunta sobre el ostracismo o las rupturas familiares responden con circunloquios o se salen por la tangente. Hablan de libertad para, a continuación, coartarla. En realidad, se han aprovechado de la libertad que nuestra cultura les otorga para asentar la falta de la misma, para implantar su fundamentalismo.

¿En qué medida esto está más cerca del fraude que de técnicas admisibles de proselitismo? ¿Nos han engañado? 

Creo que éstas son las preguntas que debemos hacernos de forma serena.

Antes de entrar en un salón del reino por primera vez, debemos saber lo siguiente: si llegas a ser un buen testigo de Jehová y tu hijo es expulsado cortarás la relación con él y con tus nietos (sus hijos). Si tu amigo del alma ha sido expulsado, le retirarás la amistad y aun peor, el saludo. Te harás razonamientos forzados, como que dejándolo en la más absoluta soledad le obligarás a arrepentirse y volver, pero en el fondo sabes que, si tiene unos mínimos valores morales, no se someterá a tu chantaje, no volverá y perderás para siempre a tu padre, a tu hijo, a tu hermano, a tu amigo…

¿Y todo a cambio de qué? Todo a cambio de nada. Porque entrar en esta religión y medrar en ella, ser precursor, ser anciano, ser siervo ministerial o ser del cuerpo gobernante es nada comparado con una pérdida tan penosa no solo para los tuyos, sino también para ti.

No voy a preguntar si ésa sería la actitud del líder Jesucristo. Sabemos que los apóstoles lo encontraban a menudo hablando amorosamente con gente de todo tipo y catadura, aunque él dijera que no pertenecía a este mundo. Sabemos que el padre del hijo pródigo lo recibió de vuelta con aun más amor que antes de que éste le pidiera su parte de la herencia. Pero todo eso da igual. Eso no importa. 

Pero atención, hay más: una vez dentro, si tienes dudas sobre todo esto que cuento y te atreves a transmitir esas dudas, si comentas a algún “hermano” que tu consternación no tiene sentido, serás juzgado y expulsado con total seguridad. Tengo que decir que conozco pocos testigos de Jehová a los que no se les encienda la cara de vergüenza cuando me los encuentro y desvían la mirada. Eso es porque saben, por derecho natural, que lo que hacen no tiene justificación posible.

Obviamente los dirigentes de esta religión, allá en los Estados Unidos, no han tenido en cuenta que nuestra cultura quizá sea más fraternal y menos fría que la suya, que nuestros hijos quizá no puedan independizarse antes o que necesitemos al abuelo para que pasee con los críos. No estoy diciendo que allá no quieran a sus hijos, digo que no han tenido en cuenta para nada nuestros rasgos culturales y la fuerza que tiene la institución familiar en nuestra idiosincrasia: aquí se considera ruines a los padres que no atienden a un buen hijo necesitado de cariño o de dinero y está muy mal considerado echarlo de casa y abandonarlo a la precariedad. Tampoco han tenido en cuenta que la abuela o el abuelo son elementos vitales en la estructura familiar de nuestro entorno y tienen un papel primordial en el crecimiento de los nietos y en hacer de éstos personas excelentes.

Si eres testigo de Jehová de los de verdad, has antepuesto una cultura extraña a la tuya propia. Has dejado que unas imposiciones que vienen del otro lado del mundo, del lado del fundamentalismo americano, canibalicen tu forma de ser. 

Como en la famosa canción, te exhorto a que regreses al sitio al que perteneces. Que vuelvas a la vida.

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