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jueves, 1 de junio de 2017

Lecho conyugal y JW (Raymond Franz)

Un asunto, que no está en lo que ya se ha mencionado, pero que produjo considerable discusión, tuvo que ver con una pareja de Testigos en California.  Alguien había visto en la alcoba de ellos cierta literatura y fotografías que tenían que ver con prácticas sexuales no usuales. (No recuerdo que llegáramos a saber, exactamente, cómo la persona que informó sobre esto obtuvo acceso a la alcoba de la pareja.) La investigación e interrogatorio por los ancianos locales confirmó que la pareja participaba de relaciones sexuales más allá de la simple copulación genital. La correspondencia de los ancianos llegó a Brooklyn y se le solicitaba al Cuerpo Gobernante que decidiera en cuanto a qué acción, si cabía alguna, se tomara hacia la pareja.
Hasta el momento en que se nos leyó la correspondencia esa mañana, ninguno de nosotros, aparte del presidente, había tenido oportunidad alguna de pensar sobre el tema. Sin embargo, después, en un par de horas se llegó a la decisión que la pareja estaba sujeta a una expulsión. Esto más tarde, fue presentado como la norma formal pública que se aplicaba a todo Testigo que voluntariamente se envolviera en prácticas similares. El material publicado se entendió y se aplicó de tal manera que los cónyuges se sentían obligados a informarles a los ancianos si alguna de tales prácticas existía o se desarrollaba en su matrimonio, ya fuese éste por resultado de un acuerdo mutuo o por la iniciativa de uno de los cónyuges. (En el último caso se esperaba que el cónyuge quien no inició la acción fuese a los ancianos e informara sobre esto, si se diese el caso que quien la inició no estuviese dispuesto a confesarlo.) El no informar el asunto generalmente se consideraba como una señal de falta de arrepentimiento y como un factor de peso a favor de una expulsión. La creencia de que la expulsión lo separa a uno de la organización donde la salvación se encuentra, así como de los amigos y parientes, impone tremenda presión en la persona para que se ajuste a las reglas, no importa cuan difícil pueda ser tal confesión (o informe).
La decisión del Cuerpo Gobernante en el 1972 resultó en un número considerable de “audiencias judiciales” a medida que los ancianos investigaban informes o confesiones sobre las prácticas sexuales envueltas. Las mujeres sufrieron dolorosos bochornos en tales reuniones judiciales a medida que respondían a las preguntas de los ancianos en relación con las prácticas íntimas en sus relaciones maritales. Muchos matrimonios donde uno de los cónyuges no era Testigo sufrieron un período turbulento, con el cónyuge quien no era Testigo objetando fuertemente a lo que, él o ella, consideraba como una invasión impropia de la privacidad de la alcoba. Algunos matrimonios fueron deshechos resultando en divorcio. 
Una cantidad sin precedente de correspondencia nos llegó en los siguientes cinco años, la mayor parte de esta era preguntándonos cuál era la base bíblica para que los miembros del Cuerpo Gobernante se inmiscuyesen en las vidas privadas de los demás y expresando la incapacidad de poder ver la validez en los argumentos presentados para apoyar la posición que fue tomada. (La porción principal de las Escrituras en la cual se apoyaba la posición era Romanos 1: 24, 27, y los que les escribían a la Sociedad señalaban que no podían ver cómo esto se podía aplicar correctamente a las relaciones heterosexuales, entre un hombre y su esposa.) Otras cartas, a menudo procedentes de esposas, sencillamente expresaban confusión y angustia sobre su incertidumbre en cuanto a lo que era apropiado en sus “caricias antes del coito”.
 
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