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miércoles, 19 de abril de 2017

Salud, religión y JW

   La actitud de la religión hacia la medicina, al igual que la actitud de la religión hacia la ciencia, siempre es necesariamente problemática y, con frecuencia, necesariamente hostil. Un creyente de nuestros días puede afirmar e incluso creer que su fe es bastante compatible con la ciencia y la medicina; pero la cruda realidad será siempre que ambas cosas tienen cierta tendencia a quebrar el monopolio de la religión; y por esta razón a menudo han sido combatidas ferozmente. 


   ¿Qué le sucede al santero y al chamán cuando cualquier ciudadano pobre puede percibir el efecto de los medicamentos y la cirugía administrados sin ceremonia ni mistificación? Más o menos lo mismo que le sucede al brujo que baila la danza de la lluvia una vez que aparece el meteorólogo, o al adivino que lee el futuro en los cielos cuando los maestros de escuela consiguen telescopios rudimentarios. Antes se sostenía que las plagas eran un castigo impuesto por los dioses, lo que servía para afianzar el poder de los sacerdotes y en buena medida para fomentar la quema de herejes e infieles, a los que se consideraba (según una explicación alternativa) propagadores de la enfermedad mediante la brujería o también envenenando los pozos de agua. 

   Tal vez seamos indulgentes con las bacanales de estupidez y crueldad que se permitieron antes de que la humanidad tuviera una idea clara de la teoría bacteriológica de las enfermedades. La mayoría de los «milagros» del Nuevo Testamento guardan relación con curaciones, lo que revestía la máxima importancia en una época en que incluso las enfermedades secundarias solían significar la muerte (el propio San Agustín afirmaba que él no habría creído en el cristianismo de no haber sido por los milagros). Filósofos científicos críticos con la religión, como Daniel Dennett, han sido lo bastante generosos para señalar que los rituales de curación aparentemente inservibles pueden haber contribuido incluso a ayudar a la gente a mejorar, ya que sabemos lo importante que puede llegar a ser el estado de ánirno del paciente para ayudar al cuerpo a curar una herida o una infección, pero esto solo serviría de excusa a posteriori. En el momento en que el doctor Jenner descubrió que una inyección de virus de la viruela de las vacas podía evitar la viruela, esta excusa quedó vacía de contenido. Sin embargo, Timothy Dwight, un rector de la Universidad de Yale y hasta la fecha uno de los teólogos más respetados de Estados Unidos, se opuso a la vacunación contra la viruela porque la consideraba una injerencia en los designios de dios. Y esta mentalidad todavía se encuentra muy presente, mucho después de que haya desaparecido su pretexto y justificación en la ignorancia humana.

   [...] Los progenitores que manifiestan creer en las disparatadas afirmaciones de la “ciencia cristiana” han sido acusados de negar la atención médica urgente a su prole, pero no siempre condenados por ello. Los progenitores que se imaginan que son «testigos de Jehová» han denegado el permiso para que sus hijos reciban transfusiones sanguíneas.



Informe confidencial del Comité de Enlace con los Hospitales (CEH). Una vez cumplimentado se envía a la Sede Nacional - Betel

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