jueves, 9 de febrero de 2017

Los Testigos de Jehová, ¿una secta? (Por Emily Thorne)

Me gustaría dar una pincelada sobre este asunto. Cuando afirmas delante de un testigo de Jehová, que él pertenece a una secta, su reacción no tarda en evidenciarse; se pone a la defensiva, se ofende y categóricamente lo niega. Es lógico y normal, ¿a quién le agrada que le digan que es miembro de una secta? Es más, cuando yo era testigo, siempre defendí que éramos una religión, y bien reconocida. Argüía que las sectas tienen un líder; un hombre carismático que dictaminaba los preceptos a seguir. Y, como yo entendía en aquel entonces, nosotros adorábamos al “Dios verdadero”, “Jehová”, teniendo como único líder a “Jesucristo”, su “Hijo”. Por otro lado, la cultura popular nos ha mostrado un concepto de secta oscuro; de carácter esotérico. Yo "sabía" que nosotros no teníamos esa vinculación. Por tanto, es absolutamente comprensible que un testigo de Jehová se indigne al oír semejante sentencia. Sin embargo, lo que un testigo de Jehová desconoce es qué es en realidad una secta. Bueno, no solo está en ignorancia en este asunto; tampoco sabe lo que hay detrás de su “organización”. Pero ese es otro tema.
Leyendo el libro Adicción a Sectas (Pautas para el análisis, prevención y tratamiento) (Pepe Rodríguez 2000) encuentro lo que según, Bryan Wilson (Wilson, B. (1970). Sociología de las sectas religiosas), son ocho características que nos servirían para definir el concepto “secta”. Me gustaría hacer un breve análisis de las mismas y reflexionar en cómo dichos atributos se hallan entre los testigos de Jehová:

1. Voluntariedad. Hace referencia al carácter voluntario de la secta. Es decir, en un primer término, es el individuo el que decide adherirse a los dogmas y, por tanto, al grupo en cuestión. Elige “obedecer” el dogma. 

¿Cómo aplica esto al grupo Testigos de Jehová? El testigo llega a formar parte de la comunidad religiosa porque así lo decide. Previo estudio bíblico, y manifestando su deseo de vincularse al grupo. Tras bautizarse, señal que evidencia su pertenencia, obedecerá el dogma, porque así lo decidió inicialmente.


(Página oficial de los Testigos de Jehová JW.ORG. Apartado en el que extienden la invitación para iniciar un curso bíblico)

2. Exclusivismo. Pone el énfasis en cómo la secta exige devoción absoluta. La prioridad para el individuo debe ser la secta; no hay aspecto más importante en la vida del sujeto. Esto conllevará, en algunas ocasiones, ciertas pruebas de “fe” en las cuales el individuo debe demostrar su lealtad. 

¿Cómo aplica esto al grupo Testigos de Jehová? Para un testigo su religión es una forma de vida; su devoción y ejecución se extienden a todos los aspectos de su vivir diario. La prioridad más elevada de su existencia es la de seguir las pautas que marca el grupo, identificado como el “pueblo de Dios”. Todos los demás asuntos están supeditados al servicio que el testigo ofrece a Dios mediante el grupo. Si en algún momento existiera alguna actividad o persona que pusieran en peligro esta prioridad, se deberán hacer los arreglos oportunos para que su servicio a Dios, mediante el grupo, no se vea afectado; relegando a un segundo plano todo lo demás.


(w10 15/1 págs. 21-22 Vivamos todos los días para la gloria de Dios. Enlace web: http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/2010048#h=18-27:0)

3. Méritos. Explica cómo el individuo debe cumplir con algunos requisitos o pautas para formar parte del grupo. El sujeto se “gana” pertenecer al mismo. Esto genera en él un sentimiento de pertenencia o identidad. 

¿Cómo aplica esto al grupo Testigos de Jehová? Para que una persona llegue a ser testigo debe cumplir con una serie de premisas bien explicitadas. Dichas pautas le permitirán ser reconocido como un testigo de Jehová. En los estadios iniciales debe empezar por tener un estudio bíblico, asistir a reuniones semanales, rellenar requisitos para ser “publicador no bautizado”, apuntarse a la “Escuela del Ministerio Teocrático”. Después, llegará el momento de dedicarse para, finalmente, bautizarse; esto último evidenciará de forma pública que ha llegado a pertenecer al grupo. Después de ello sigue teniendo que realizar distintas actividades que le granjearán la condición de “testigo activo”.


(Libro ¿Qué enseña realmente la Biblia? Manual de estudio de los Testigos de Jehová, pág. 196. Enlace: http://wol.jw.org/es/wol/publication/r4/lp-s/bh/S/2005)

(Libro Organizados para hacer la voluntad de Jehová, manual de uso interno que explica cómo está organizado el grupo. De las páginas 170 a 209 se hallan las preguntas que han de contestar los que deseen formar parte de la Organización. Dicho cuestionario está conformado por 103 preguntas divididas en tres bloques [“Las enseñanzas bíblicas fundamentales”, “Las normas justas de Jehová” y “La organización de Jehová”]. Enlace de descarga del manual completo: https://www.jw.org/finder?pub=od&wtlocale=S&srcid=share
4. Autoidentificación. Tras formar parte de la secta, el individuo ya está afianzado como “uno de los nuestros”. Ya forma parte de algo elevado que le diferencia del resto. Es de los pocos que forma parte de un grupo con “verdades sobrenaturales”, o al menos, “verdades” que no están en posesión de todos. Este privilegio, por otra parte, implica algún sacrificio. Este sacrificio se traduce en que la secta tiene la supremacía en su vida. Si interfirieran familia, Estado, trabajo, cualquier otro campo, han de ser relegados a favor de la secta. 

¿Cómo aplica esto al grupo Testigos de Jehová? Cuando uno llega a ser testigo, se convierte en “hermano”, en “siervo de Dios”, se halla en “el pueblo de Dios”, mientras que, el resto de individuos que no pertenecen a  dicha religión son denominados como “mundanos” o “personas del mundo”. Se crean, por lo tanto, dos grupos: los testigos y los no testigos. “Nosotros” serán los testigos, “los demás” todos aquellos que no son testigos. Como ya se ha indicado antes, las prioridades para el testigo están bien definidas. Su religión; ya sea tipificada como Dios o como la “Organización”, denominada en ocasiones como “nuestra madre”, merece la lealtad absoluta del testigo. Si un miembro de la familia o un amigo allegado abandonara el grupo, el testigo tendrá que posicionarse a favor de su Dios/ religión/ “Organización”/ “madre” y cortar todo contacto con los desertores (familia/ amigos que dejan de ser Testigos de Jehová). Por otro lado, si en su trabajo se le exigiera un horario que le impidiera de alguna forma continuar con sus actividades “teocráticas”, deberá plantearse el cambio de empleo. La asistencia a las reuniones, su preparación, la predicación, las asambleas; todo ello es de obligatorio cumplimiento. También, si el Estado decretara una ley que atentara contra los estatutos de su dogma/ normativa, su lealtad siempre será ejecutada a favor de su Dios/ religión/ Organización/ “madre”. Queda claro, pues, que para un testigo de Jehová no hay nada ni nadie más importante. Es necesario añadir que un testigo está continuamente sometido a esta prueba; siempre ha de estar alerta, pues tiene que demostrar que su lealtad es inamovible.

(km 9/11 pág 1. Valoremos nuestro privilegio de servir a Jehová. Enlace web: http://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/202011324?q=valoremos+nuestro+privilegio+de+servir+a+Jehová&p=par )
Estos son los cuatro primeros puntos, en el siguiente post publicaré los cuatro siguientes. 
Tras lo examinado, la reflexión está servida: ¿son los Testigos de Jehová una secta?

Nuestras emociones (Por Emily Thorne)

El post del compañero Wise Blood, perfectamente hilado, da mucho que pensar. Tras leerlo no puedes dejar de cuestionarte el cómo y el por qué el culto fundamentalista se introdujo en nuestras vidas, para no querer desaparecer nunca. 
La alusión a la cultura como elemento condicionante nos hace reflexionar en quiénes somos y en quiénes nos hemos convertido. Y si bien es cierto que cada cultura tiene sus matices, costumbres o valores relevantes, no menos cierto es que todos somos humanos. Por ende, tenemos emociones, sentimos. Y, según muestran las evidencias, son de carácter universal. Sí, todos sufrimos por las incertidumbres de la vida, anhelamos mejoras, nos embargamos de ilusión y felicidad ante las expectativas positivas, buscamos pertenecer a un conjunto social, queremos ser, en cierta medida, aceptados. Precisamos de guía, y hasta cierto punto la buscamos. "¿Qué hago?, ¿cómo lo hago?".
Esta es nuestra estructura, son nuestras necesidades.
En ocasiones, la vida puede ser cual montaña rusa, con subidas y bajadas, con idas y venidas. En otros momentos, como un túnel negro que no vislumbra la luz. A veces, somos fuertes, otras débiles.


Ahí, entiendo yo, está una de las causas. Sí, el éxito redundante de la confesión religiosa se basa en la explotación y control ejercidos sobre las emociones. Así como astutos vendedores saben reconocer las necesidades de sus potenciales clientes, la marca JW.ORG conoce el arte de la exploración. Sabe agrupar los estados psicológicos de las futuras "ovejas", para después, ofrecerles las "soluciones" más pertinentes. Si de algo sirvieron aquellos años de predicación, sí, nosotros también fuimos "vendedores", es para ser capaces de discernir quiénes nos escucharían y quiénes no. Para ser capaces, también, de adaptarnos a todo tipo de circunstancias, teniendo un "producto" adecuado para cada uno. ¿Problemas de depresión, muerte de un ser querido, soledad, problemas de índole económica, enfermedad? ¡Ella, la marca JW.ORG, tiene la respuesta! Solo has de buscar en la página correcta de su catálogo, allí hallarás lo que tú no eres capaz de encontrar por ti mismo.
Sí, los Testigos de Jehová* emplean la vulnerabilidad personal como atenuante para introducirse en las casas ajenas. Emplean los anhelos, sanos y justos, de mejora, como redes de seducción. Aprovechan la desesperación y el desasosiego, producidos por el sin saber, para manipular y coaccionar las bases más profundas de las que eran tus convicciones.
Y es que, ¿quién no desea vivir en un mundo agradable, con personas amables, realizando trabajos satisfacientes, con vitalidad, con deseos irrefrenables de vivir? Juegan con un ideal, te lo confeccionan a medida, para después vendértelo, y una vez adquirido, cobrarte los intereses no mencionados. Obviando unas pocas salvedades: todo parte de una premisa falsa, los costes de estos "productos" son imposibles de abonar, y tras su "disfrute" actual, acabarás peor de lo que estabas antes de su "compra".

Pero todas estas tácticas no son nuevas, de hecho, tienen siglos de existencia. Siempre ha habido grupos que han pretendido dominar a otros, unas veces con más atino que otras. Más, creo yo, el ser humano tiene un peligroso defecto, en lo que a este campo se refiere, pues, se cree único. El ser humano considera que su momento actual es el más glorioso, el más relevante para la historia de la humanidad; entendiendo entonces que le espera evidenciar acontecimientos que sus antepasados ni siquiera soñaron con acariciar ("los últimos días"). La grandeza nos espera, es nuestra.
Sería prudente hacer un acto de memoria histórica, volver a colocar los pies en la tierra, tomar las riendas de nuestras vidas, y, entonces, decidir cómo vivirlas de la manera más digna y libre posibles. De lo contrario, caeríamos en el peligro de que otros lo hicieran por nosotros.

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*Cuando utilizo el término "Testigos de Jehová", me refiero a la parte directiva de la organización.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Testigos de Jehová, canibalización cultural y fundamentalismo (Por Wise Blood)

Me gustaría tratar un tema que para mí es interesante. ¿Cómo puede ser que en una cultura como la nuestra, abierta a los demás y familiar, se hayan metido los Testigos de Jehová hasta la cocina? ¿Cómo es posible que un movimiento fundamentalista americano haya podido convencer a alguien en este país y haya incluso crecido?


Por favor, que nadie me entienda mal. No quiero que nadie piense que vengo aquí a defender otras religiones o a meterme con la Watchtower. No es mi propósito en esta entrada ni en ninguna. Solo me anima el deseo de opinar con objetividad.

Vivimos en un país de cultura mediterránea en la que las relaciones sociales son fundamentales: la gente vive en la calle, somos generalmente abiertos, cuidamos las amistades, echamos la partida o vemos el fútbol en el bar con los vecinos, vamos al cine con compañeros de trabajo, hay cultura de barrio y existen iniciativas sociales que fomentan estas relaciones. Nuestros críos juegan con los vecinos y tienen sus amiguitos...

Para nosotros la familia es lo más importante: los hijos están en casa muchos años aunque piensen a su manera, y nuestros padres y abuelos viven al lado o nos visitan a menudo.
Si eres testigo de Jehová estarás preguntándote: “¿Qué dice este hombre? Nosotros no somos así. No echamos la partida, ni frecuentamos los bares, ni nos juntamos con vecinos, ni participamos del barrio, ni nos abrimos a nadie que no sea de nuestra religión, ni mis parientes vienen a casa si no son testigos. Tampoco recibo a mis hijos no testigos o a mis abuelos católicos. Mis amistades son de mi religión y no admito a otras y, por supuesto, si mi hijo juega en el parque no se junta con nadie. Es más, si algún día deja de ser testigo de Jehová, para mí está muerto de toda mortandad”. Exacto. Así eres...si eres un verdadero testigo de Jehová. Es triste, ¿verdad?

¿Dónde está la razón de estas diferencias tan grandes? ¿Cómo es que uno puede trasladarse desde una cultura abierta y familiar a otra llena de opresión, exclusión, división y oscurantismo? ¿Es que acaso no sabe uno dónde se mete? La respuesta es que no. No lo sabe. No tiene ni idea.

No, porque cuando te acercas a esta religión nadie te pone al tanto de estas cosas. Estos hechos se ocultan. Es obvio que, de haber estado bien informados, pocos pondrían un pie en un salón del reino, o al menos lo harían con cierta aprensión. Incluso hemos leído recientemente entrevistas en prensa en las que representantes de esta sociedad esconden la verdad de la expulsión y sus consecuencias con amistades y familias. Dicen que cualquiera puede dejar libremente la religión, pero cuando se les pregunta sobre el ostracismo o las rupturas familiares responden con circunloquios o se salen por la tangente. Hablan de libertad para, a continuación, coartarla. En realidad, se han aprovechado de la libertad que nuestra cultura les otorga para asentar la falta de la misma, para implantar su fundamentalismo.

¿En qué medida esto está más cerca del fraude que de técnicas admisibles de proselitismo? ¿Nos han engañado? 

Creo que éstas son las preguntas que debemos hacernos de forma serena.

Antes de entrar en un salón del reino por primera vez, debemos saber lo siguiente: si llegas a ser un buen testigo de Jehová y tu hijo es expulsado cortarás la relación con él y con tus nietos (sus hijos). Si tu amigo del alma ha sido expulsado, le retirarás la amistad y aun peor, el saludo. Te harás razonamientos forzados, como que dejándolo en la más absoluta soledad le obligarás a arrepentirse y volver, pero en el fondo sabes que, si tiene unos mínimos valores morales, no se someterá a tu chantaje, no volverá y perderás para siempre a tu padre, a tu hijo, a tu hermano, a tu amigo…

¿Y todo a cambio de qué? Todo a cambio de nada. Porque entrar en esta religión y medrar en ella, ser precursor, ser anciano, ser siervo ministerial o ser del cuerpo gobernante es nada comparado con una pérdida tan penosa no solo para los tuyos, sino también para ti.

No voy a preguntar si ésa sería la actitud del líder Jesucristo. Sabemos que los apóstoles lo encontraban a menudo hablando amorosamente con gente de todo tipo y catadura, aunque él dijera que no pertenecía a este mundo. Sabemos que el padre del hijo pródigo lo recibió de vuelta con aun más amor que antes de que éste le pidiera su parte de la herencia. Pero todo eso da igual. Eso no importa. 

Pero atención, hay más: una vez dentro, si tienes dudas sobre todo esto que cuento y te atreves a transmitir esas dudas, si comentas a algún “hermano” que tu consternación no tiene sentido, serás juzgado y expulsado con total seguridad. Tengo que decir que conozco pocos testigos de Jehová a los que no se les encienda la cara de vergüenza cuando me los encuentro y desvían la mirada. Eso es porque saben, por derecho natural, que lo que hacen no tiene justificación posible.

Obviamente los dirigentes de esta religión, allá en los Estados Unidos, no han tenido en cuenta que nuestra cultura quizá sea más fraternal y menos fría que la suya, que nuestros hijos quizá no puedan independizarse antes o que necesitemos al abuelo para que pasee con los críos. No estoy diciendo que allá no quieran a sus hijos, digo que no han tenido en cuenta para nada nuestros rasgos culturales y la fuerza que tiene la institución familiar en nuestra idiosincrasia: aquí se considera ruines a los padres que no atienden a un buen hijo necesitado de cariño o de dinero y está muy mal considerado echarlo de casa y abandonarlo a la precariedad. Tampoco han tenido en cuenta que la abuela o el abuelo son elementos vitales en la estructura familiar de nuestro entorno y tienen un papel primordial en el crecimiento de los nietos y en hacer de éstos personas excelentes.

Si eres testigo de Jehová de los de verdad, has antepuesto una cultura extraña a la tuya propia. Has dejado que unas imposiciones que vienen del otro lado del mundo, del lado del fundamentalismo americano, canibalicen tu forma de ser. 

Como en la famosa canción, te exhorto a que regreses al sitio al que perteneces. Que vuelvas a la vida.

martes, 7 de febrero de 2017

Cómo hemos llegado hasta aquí... (Por Emily Thorne)

Me gustaría iniciar mi primer post con algún tipo de presentación. Pero, no se trata de una presentación individual o centrada en mi persona. Más bien, quisiera reivindicar, quisiera hacer un llamamiento a la dignidad personal, a esa dignidad perdida por todos aquellos que, o bien cayeron en el olvido, siendo este el mejor de los casos, o en la cruel estigmatización, tras las inolvidables palabras: “Fulanito ya no es testigo de Jehová”. ¿Os suenan? Sí, con este frío y opaco anuncio se produce la sentencia, se produce la despedida final.


Antes de continuar, necesito aclarar que mis pretensiones no son las de herir. No deseo culpar, no busco victimizar, ni mucho menos atacar. Más, anhelo dar voz a aquellas voces dormidas, o simplemente silenciadas por el protocolo del culto. Pues es un derecho que en su día nos fue robado, y, siendo este así, también constituye el feroz impedimento para los que, tras conocer la realidad del culto, quieren salir. 

Continúo y retomo el encabezado en forma de pregunta: ¿cómo hemos llegado hasta aquí? Bueno, de más está decir que un día fuimos parte del grupo. Que un día, incluso, amamos todo lo que formaba parte del mismo. Vivíamos la vida según las pautas de la organización, tomábamos nuestras decisiones en base a la instrucción que nos era proporcionada. ¿Nuestras prioridades? Las comunes a cualquier testigo: predicar, reuniones, preparación, oración…Y sí, por encima de todo, amábamos a nuestros “hermanos”. O al menos lo intentábamos. Creíamos que era la “Verdad”. De seguro un porcentaje muy elevado de los que ya no forman parte del culto, entraban en esta parte de la descripción. ¿Qué pasó después? Son muchas las historias, sin duda.
Sin embargo, la historia oficial, sí, la “historia de Atalaya”, es una sola. La organización de los testigos de Jehová ha elaborado una única versión. Así, cuando un testigo escucha el gélido anuncio citado anteriormente, “Fulanito ya no es testigo de Jehová”, ya sabe lo que ha pasado. ¿Lo sabe? No, realmente no. A modo de síntesis me gustaría explicar cuáles son las implicaciones del famoso anuncio. Imagínate, sí, tú, testigo bautizado. Te hallas en la reunión, es martes, y, como siempre, acudes presto al salón del reino. Has hecho un gran esfuerzo por estar presente, el trabajo, los niños, los padres mayores o simplemente poder preparar la reunión completa, son algunos de los desafíos habituales. Llegas al salón y están todos, tus “hermanos” de siempre, ¿o no? Bueno, cuando termine el programa ya irás a saludar a aquellos que no has visto. Son tus “hermanos”, son tus amigos, son tu familia. A la reunión le queda poco, la última parte. Más, un anciano se sube a la plataforma e indica que ha de hacer un anuncio importante. Le miras el rostro, quisieras adivinar qué va a decir, pero no eres capaz. No puedes percibir ningún sentimiento, su cara no refleja más que una perfecta estoicidad. Ahí va el anuncio. “¡¿Qué?!”. No lo puedes creer. La “hermana”, sí, esa “amiga” con la que estuviste predicando la semana pasada, ya no es testigo de Jehová. El anuncio retumba en tu mente, da vueltas, va y viene, no hay lógica, no hay sentido. “¿Por qué?”, esbozas en tu interior. Más, es bien sabido que no habrá respuesta. Cuando te quieres dar cuenta, cuando sales de tu ensimismamiento, la reunión está apunto de terminar. Sí, hace como media hora que el anciano correspondiente emitió la sentencia. Y sí, bien sabes, que la que había sido tu amiga segundos antes de la declaración, ha dejado de serlo en cuestión de seis segundos. Pero, “¿qué ha pasado?”. Paramos aquí.

Explicaré qué ha podido pasar. Un testigo puede haber sido expulsado, o bien, haberse desvinculado del culto por iniciativa propia, o sea, se ha desasociado. Como vemos, un solo anuncio para dos conceptos. Y por ende, un solo resultado. Enteramente injusto para ambos, dicho sea de paso. ¿Qué implica la expulsión? Si leyéramos una publicación editada por los testigos de Jehová en la que se hablara sobre cómo se produce este evento, hallaríamos la siguiente explicación: la persona expulsada es aquella que ha incurrido en pecados graves y no se ha arrepentido, tras lo cual, a fin de mantener la pureza de la congregación, se procede a su expulsión. Hay que añadir que no es un estado irreversible. Si un expulsado desea volver a formar parte de la confesión, hay un protocolo establecido para ello. La expulsión se realiza tras haber conversado con el testigo infractor, léase la persona que ha cometido el pecado grave. Si los ancianos, en este caso cumpliendo un papel de jueces, no percibieran un arrepentimiento sincero, procederían a emitir la consecuencia: expulsión. Hay que detallar que los temas tratados en estas reuniones, léase “comités judiciales”, son confidenciales. Por ende, ningún otro miembro del grupo debe saber los motivos que llevaron a este resultado. 

Vuelvo a la escena. La reunión ha terminado. Será un día inolvidable para algunos. “¿Qué ha pasado?”. Todo comienza con esta pregunta, aparentemente inocente, carente de dobleces. Sin embargo, dicha duda exteriorizada dará comienzo a un sinfín de historias, morbosos relatos, surrealistas acontecimientos... que no verán su fin hasta que la versión de los hechos quede consumada, bien estructurada. Ahora sí, ahora todos los miembros del grupo podrán colocar dicha etiqueta al que un día fue su compañero y amigo. Está de más puntualizar la inexactitud, el carácter injusto de las circunstancias, la crueldad implícita. Porque sí, el anterior miembro jamás podrá dar su versión de los hechos, inimaginable será que explique lo que le llevo a la situación actual, si es que deseara hacerlo. Ha quedado desterrado, el trato con él es inviable. No podrás, o al menos no deberás, llamarle una vez más para saber cómo se encuentra, qué pasó. No, el susodicho ya no forma parte del grupo, ya no está en el “pueblo de Dios”. Ya no es tu hermano. Sabiendo que sólo hay dos bandos, sabiendo que sólo hay dos grupos de personas en esta existencia, tu ya anterior compañero ha elegido el camino que no lleva a vida.

Ahora nos hallamos aquí, y tú, lector, que desearía que me leyeras, tienes la oportunidad de saber quiénes somos, los llamados desasociados y expulsados. Más, no somos esto, estos dos términos, de carácter peyorativo, son los que utiliza el culto para deshumanizarnos. Porque nosotros seguimos siendo personas, seguimos siendo familia, seguimos siendo esos amigos que un día compartieron cosas importantes. Es más, nos encontramos entre aquellos que han abierto los ojos, han mirado a su alrededor, han leído, han utilizado su capacidad intelectual, su lógica y, por fin, se han liberado mentalmente de las ataduras del grupo. Hemos descubierto que no es la “Verdad”. Y aún siendo una realidad dolorosa en sus inicios, ahora, la vida empieza a cobrar su verdadero sentido, se siente por primera vez la no perfecta felicidad de la existencia. 

lunes, 6 de febrero de 2017

Control mental y desprogramación

No fue sino hasta que empecé a investigar sobre los Testigos de Jehová en Internet, cuando descubrí dos conceptos que jamás había oído, el control mental y la programación o persuasión coercitiva
Veamos su definición:

- Control mental: Es una técnica variada o conjunto de técnicas encaminadas a suprimir la personalidad de la persona, controlando y anulando su libre albedrío, para hacerla dependiente de lo dictado por otra persona u organizaciónPese a que puede realizarlo cualquier colectivo, son las sectas las que más profusamente lo emplean, especialmente las sectas destructivas.

- Programación o persuasión coercitiva: Es un concepto central necesario para comprender las dinámicas sectarias. Es semejante en muchos aspectos al concepto legal de influencia indebida. En el ámbito psicológico se le conoce con diversos nombres: “Reforma de Pensamiento”, “Lavado de Cerebro”, “Programación de Conducta”, etc. Es un sistema coordinado de control coactivo, graduado e imperceptible, que por medio de creencias fundamentadas en el engaño, logra manipular e influenciar en los individuos un comportamiento determinado. Es una técnica de control mental más eficaz que el dolor, la tortura, las drogas, el uso de fuerza física o las amenazas, ya que puede producir cambios más profundos, como el de actitudes, en la personalidad de los sujetos expuestos a ella

Al mismo tiempo empecé a leer acerca del "antídoto" del control mental, que es la desprogramación:

El término desprogramación fue utilizado por primera vez en Estados Unidos. La terapia de los desprogramadores va encaminada a contrarrestar los efectos del lavado de cerebro. La mecánica básica de uno de estos lavados -técnica utilizada con éxito durante la guerra de Corea para modificar la personalidad de los marines estadounidenses prisioneros- tiene una primera fase, conocida como bombardeo de amor, en la que se agasaja intensamente al neófito.

Si bien había escuchado muchas veces la expresión "lavado de cerebro", nunca había oído hablar del control de la mente y la programación, o persuasión coercitiva. De hecho, aquella terminología me resultó tan extraña que me costó asimilar que de modo alguno pudiera aplicarme. Muy a mi pesar, acabé tomando conciencia de que yo había sido manipulado durante más de 12 años mediante estas y otras técnicas sectarias. Además descubrí que cualquier tipo de persona, independientemente de su nivel de inteligencia, podía ser presa de estos ardides.

Cito para concluir un fragmento con el me siento muy identificado, del libro de Steven Hassan sobre "Cómo combatir las técnicas de control mental de las sectas":

Doble identidad: la clave para comprender a los miembros de las sectas 
Si tienen libertad para escoger, es de suponer que, las personas elegirán siempre lo que creen mejor para ellas. Sin embargo, los criterios éticos para determinar qué es «mejor» deberían ser propios, y no de algún otro. En un entorno de control mental, la libertad de elección es lo primero que se pierde. La razón para esta pérdida es muy simple: el miembro de la secta ya no actúa por sí mismo. Tiene una nueva estructura de identidad creada de forma artificial por la secta, que incluye nuevas creencias y un nuevo lenguaje. La doctrina de los líderes de la secta se convierte en el único «mapa» de la realidad con que cuenta el nuevo miembro. El adepto de una secta de control mental está en guerra consigo mismo. En consecuencia, cuando se trata con un miembro, es de suma importancia tener siempre presente que posee dos identidades. 

BIENVENIDA a "Vida más allá JW"

Estimados compañer@s y víctimas de los abusos del culto-franquicia,

Yo estuve más de una década dentro de los Testigos de Jehová hasta que me expulsaron por denunciarles por su encubrimiento del abuso a menores, por la corrupción económica y por sus enseñanzas falsas. 

Opino que la única meta que le queda a un ex-testigo de Jehová es la de desprogramarse lo antes posible para vivir "la vida que realmente lo es". ¿Qué hay si queremos ayudar a otros a salir? Pues genial, pero que nuestra motivación sea el amor a las personas y no el odio a la Organización.

El símbolo de este blog está inspirado en el “El Show de Truman”, ya que se puede decir que la inmensa mayoría de los testigos de Jehová están en la misma situación que el ingenuo protagonista de la película.


Mucho ánimo y que podamos seguir disfrutando de ser realmente libres.


A mí me podréis encontrar en este blog desde el que intentaré aportar mi granito de arena a la causa.